La situación en la morgue de Trujillo, capital de La Libertad, se ha vuelto crítica debido a la creciente ola de violencia y criminalidad que afecta a la región. En lo que va del año 2025, se han registrado 275 homicidios, lo que equivale a un promedio de tres muertes violentas al día. Este alarmante incremento en la tasa de homicidios ha llevado a que la morgue local enfrente un desbordamiento de cadáveres, superando ampliamente su capacidad de recepción y conservación.
La morgue de Trujillo cuenta con solo seis cámaras frigoríficas, cada una diseñada para albergar un solo cuerpo. Sin embargo, debido a la falta de espacio, los forenses han tenido que improvisar, colocando hasta tres cadáveres en una sola cámara. En momentos críticos, el lugar ha llegado a acumular hasta 16 cuerpos, lo que ha generado un ambiente insalubre y de descomposición.
Uno de los problemas más graves que enfrenta la morgue es el mal estado de sus instalaciones. Las cámaras frigoríficas, que tienen 18 años de antigüedad, han estado fuera de servicio en varias ocasiones, lo que ha llevado a que los cuerpos se deterioren rápidamente. En una reciente entrevista, Manuel Olórtegui, secretario nacional de Defensa de los Técnicos Necropsiadores, expresó su preocupación por la falta de recursos y la necesidad urgente de nuevas máquinas que garanticen la adecuada conservación de los cadáveres.
La situación se agrava aún más por la falta de identificación de muchos de los cuerpos que llegan a la morgue. Muchos de ellos son víctimas de la violencia generada por las organizaciones criminales que operan en la región, especialmente en áreas como Pataz, donde la minería ilegal ha desencadenado una lucha de poder entre bandas delictivas. En algunos casos, los cuerpos son tan desmembrados que resulta imposible identificarlos, lo que contribuye a la acumulación de cadáveres en la morgue.
Además de la falta de espacio y recursos, el personal de la morgue se enfrenta a riesgos de salud. La exposición constante a cuerpos en descomposición puede llevar a la transmisión de enfermedades, lo que pone en peligro la salud de los trabajadores. Karla Seminario, jefa del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, ha reconocido la crisis que atraviesa la morgue y ha señalado que se requiere un presupuesto mucho mayor al que actualmente se dispone para poder operar adecuadamente.
En un intento por mitigar la crisis, el personal de la morgue ha organizado actividades de recaudación de fondos, como polladas, y ha solicitado ayuda a las autoridades locales. Sin embargo, la respuesta ha sido insuficiente. El alcalde de Laredo, Sergio Vílchez Neira, ha ofrecido un espacio en el cementerio local para construir nichos temporales donde se puedan almacenar los cuerpos no identificados, pero esto es solo una solución provisional.
La morgue de Trujillo no es un caso aislado; otras 32 morgues en el país también enfrentan problemas similares. La falta de inversión en infraestructura y recursos para el Instituto de Medicina Legal ha llevado a una crisis en la atención de los fallecidos, lo que refleja una problemática más amplia relacionada con la violencia y el crimen organizado en Perú.
La situación en La Libertad es un claro ejemplo de cómo el aumento de la criminalidad impacta no solo en las víctimas directas, sino también en las instituciones encargadas de manejar las consecuencias de estos actos violentos. La morgue de Trujillo se ha convertido en un símbolo de la crisis de seguridad que vive la región, y su estado refleja la urgencia de abordar de manera integral el problema del crimen organizado y la violencia en el país.